Podéis verla a más resolución, en el apartado FOTOS.
Espero que os guste.

No sabía qué cantidad de arroz y papelillos se podían tirar en la puerta de los Salesianos, que dicho sea de paso, nos rogaron encarecidamente no tirar el primer elemento gastronómico, puesto que había octogenarias que, en repetidas ocasiones, besaban el suelo, gracias a estos gestos de amistad eufórica.
Y hoy hemos llegado a Buenos Aires. Era viernes al mediodía y las calles estaban repletas de gente saliendo, entrando, yendo y viniendo. Esta noche vamos al espectáculo de tango argentino con cena que la agencia nos contrató y mañana iremos a ver El Fantasma de la Ópera.
Ya va quedando menos para volver...
Allí, según nos han dicho, hace bastante frío (grados bajo cero) y no sabemos qué tiempo nos hará.
Yo ya he optado por sentirme "en manos de Dios", cada vez que me subo a un avión. Y lo digo, porque es inevitable en estos días, ver la tele o leer la prensa, y no decir nada del Airbus de Air France. Sólo decir que me ha hecho pensar muchísimo sobre lo pequeños que somos y lo vanal que es nuestra existencia. Y si tiene que pasar algo, pues pasará. Nada más. Pero me voy a dejar de fatalismos, porque tengo que seguir disfrutando de nuestro viaje. La próxima vez que os escriba lo estaré haciendo al ladito de la Antártida, del Polo Sur. Parece mentira, tan lejos y tan cerca. Un abrazo.