domingo, 7 de diciembre de 2008

Para que no me olvides

Hace ya unos días me mandaron al mail uno de esos powerpoints, pocos, que te arrancan una sonrisa de la cara. Y se titulaba así. Para que no me olvides. No recuerdo quién me lo mandó, pero me gustó muchísimo. Eran fotos antiguas y antiquísimas de Cádiz.



Porque, ¿quién no recuerda ese maravilloso Paseo Marítimo con las casetitas de listas rojas y blancas? Un Paseo Marítimo casi sin coches, por donde se podía andar tranquilamente. Ahora también se puede andar tranquilamente, pero es pasmosa la tranquilidad que despide esta foto, con un jovencísimo Hotel Playa Victoria de fondo.


O esta otra, con toda la parte del Corte Inglés y el flamante barrio de Astilleros, vacío. Tan sólo un par de barquitos pequeños y este grande, en primer plano. Y el resto, azul. Eso sí que no ha cambiado con el tiempo. El azul de Cádiz sigue siendo el mismo.


Y como hace tan sólo unos días, hablaba de la Calle Nueva, pues aquí os dejo la mejor foto que tengo del Café Español. Ese famoso tintineo de cucharas que alguien dijo.

Y nada más por hoy. Tarde de domingo, de puente, que no trabajo. Tengo muchas, muchísimas ganas de ir a Cádiz. Y más ganas aún cuando veo estas fotos. Espero poder estar allí para Nochebuena, pero aún no lo sabemos. Que disfrutéis del puente.

Postdata: Este tipo de powerpoints, sobre Cádiz y fotos bonitas, me encantan. Lo digo porque los que no aguanto son los de novenas, triduos y vírgenes (pásalo a 15 personas porque si no, en 10 segundos aparecerá ZP en tu puerta y te morderá la yugular). Tampoco aguanto los de reflexiones interiores que ni el propio Dalai Lama y Gandhi y Teresa de Calcuta juntos, no los entenderían, de lo profundos profundísimos que son. Pero como estoy viendo que estos comentarios me van a dar para otro post, más adelante os iré mostrando los correos tan raros que me manda la gente, a veces.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Ítaca

El poema que hoy os pongo aquí abajo es de Constantino Kavafis y es una maravilla. Lo he leído en uno de los comentarios del blog (que también es una maravilla), LA SABIDURÍA DE LOS IDIOTAS.
Espero que os guste.


Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado,
si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral,
ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias a aprender,
a aprender de sus sabios.



Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


Constantino Kavafis

lunes, 1 de diciembre de 2008

El bicho

Se miró al espejo una última vez. Se vio guapa. Esta noche es tuya. Vas a triunfar. Un pequeño retoque de labios y ya está.
Falda por encima de las rodillas (como manda el protocolo), pelo rizado y un generoso escote que dejaba entrever el alma de bala perdida que llevaba con sólo 21 años.

La cita era donde siempre. Los bancos de la Plaza de San Mauricio. Unas cervezas, botellón y alguna calada a un porro. Luego irían de pubs, "de cacería", como solían decir sus amigas. Música del momento (Bisbal y eso) y unas copas de ron. Era lo necesario para empezar a volar. A desplegar sus alas hacia un paseo por las nubes. Luego todo venía rodado. Todos los bares estaban empapados de tíos. Tíos deseosos de carne fresca. Y ella lo sabía. Ella se lo merecía. Valía pa eso y pa más.

Lo único que recordaba al día siguiente era que aquel chico, como casi todos con los que había estado, le había manoseado con entusiasmo los pechos y había entrado en ella varias veces, de forma brusca y violenta. Y nada más. No le dio demasiada importancia a ese hecho pues se veía bien guapo y con una camisa de ¿Ives San Laurent? No se acordaba ni aquello importaba demasiado.

Nunca importó, a decir verdad hasta el día en que se hizo las revisiones ordinarias para ese nuevo trabajo que tanto había soñado. Entre estas pruebas destacaba la analítica que se pedía para formar parte del gabinete científico en el que pretendía trabajar. Para lo que se había preparado toda la vida. Ella se sentía bien, se sentía sana, pero su serología decía todo lo contrario. Sin saberlo, "El bicho" se había apoderado de sus linfocitos T4.

Recordó que la camisa era de Ives San Laurent y miró con pena en el espejo en el que ahora se volvía a retocar los labios, esta vez con vaselina para humedecerlos de lo resecos que estaban. Sus labios se secaban al ritmo que todo su cuerpo.