lunes, 16 de marzo de 2009

El arte de los muertos

Aunque me dedico (gracias a Dios) a los vivos, el mundillo de la muerte y todo lo que la rodea siempre ha despertado en mí una gran curiosidad.


Recuerdo de pequeño, cuando el Día de los Difuntos, nuestros padres nos llevaban al cementerio de Algar (Cádiz) para poner flores frescas y adecentar las tumbas de nuestros abuelos y tíos. Mientras tanto, los primos (ahora mismo recuerdo a Isabelita, a Miguel Cordón, a Leo Vallejo...), curioseábamos entre las viejas y destrozadas tumbas. Recuerdo que incluso encontramos una abierta y maltrecha, que dejaba entrever un cráneo seco y polvoriento. Cosas de niños.


Luego, las pelis de miedo. Que aunque ahora hace tiempo que no veo ninguna, siempre me han llevado al borde del "cague". Y las series: ahora soy un forofo de C.S.I. y no me pierdo un capítulo.


Y, por último, los años de carrera: las prácticas en cadáveres y como colofón, la asignatura de Medicina Legal y Toxicología impartida por el Dr. Romero Palanco, que acaba de fallecer hoy.


Un hombre educado y muy inteligente, que supo despertar en (yo creo que todos) sus alumnos una pequeña vocación de forense e hizo que una asignatura se convirtiera en inolvidable durante aquel año de sexto de Medicina.


Llenó sus clases de anécdotas y detalles que ni imaginábamos, como las diferentes moscas que se acercan a los cadáveres según el período de descomposición. Nos enseñó a leer huellas dactilares a analizar manchas de sangre y semen. Y aunque eso, a la mayoría, no nos servirá de gran ayuda, sí que sacia la curiosidad que anida en todo ser humano sobre todo lo relacionado con el ocaso de nuestras vidas.


Paradojas del destino, el Dr. Romero Palanco ha sido encontrado muerto en su despacho de la facultad. Él, que tantos escenarios de crímenes habrá tenido que analizar. En su caso, parece que un infarto ha sido el causante del fallecimiento.


Una lástima para la comunidad médica gaditana y para la Universidad de Cádiz, que pierde a uno de sus mejores (con diferencia) profesores. Profesor, con mayúscula. Descanse en Paz.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La luna llena

Dicen que con la luna llena, todo se altera. Hay más partos, más suicidios, más violencia. La luna ejerce un poderoso efecto sobre el comportamiento humano, alterándolo inequívocamente.


Quizá por eso anoche un taxista jubilado de setenta y cuatro años, afecto de asma y con la sensación de que nadie le había hecho caso, cogió su revólver (encontrado durante sus años de profesión en Barcelona, y que alguien dejó olvidado en la parte trasera de su taxi), y disparó contra la médico que le atendió en el Centro de Salud. Resultado: un herido de gravedad y ella, muerta. Treinta y cuatro años, una niña de dos años y una familia missing.


Uno se va realmente cabreado cuando sale del médico y cree que no le ha hecho ni caso. O te toca una vieja doctora que pasa de ti y ni te mira a la cara mientras escribe tus síntomas, o te toca un niñato recién acabado, con el título sacado en una tómbola, al que sus nervios y sus formas le delatan una inexperiencia descomunal.


La gente agrede al personal sanitario y la sociedad se queda tan pancha. Y todo por el puro convencimiento de que "es que hay médicos que son para echarlos" o "es que las enfermeras tienen tela marinera".


Aquí no pasa nada. Pero si te cuento que la mayoría de los médicos (hablo por mi gremio), tienen que estudiar 6 años, más un año después para sacarte el MIR y luego otros cinco años más para una especialidad como Cirugía Pediátrica, por ejemplo, resulta que has estudiado más que cualquier madre o padre sabelotodo que te mira de arriba a abajo como si fueras un bicho raro.


Y si además resulta que tienes 6 ó 7 guardias al mes de 24 horas, pagadas peor que otros gremios (véase señora de la limpieza, véase fontanero, véase mecánico de automóviles... con todos los respetos).


Y si además resulta que no coges tu día libre, saliente de guardia, porque tienes que seguir atendiendo a la población y que dedicas parte de tu tiempo libre a seguir estudiando para mejorar tus conocimientos.


Y si además te cuelas con cuarenta tacos, dos niños en el mundo y sin plaza fija, con la inestabilidad de asumir que el día de mañana te pueden pegar una patada en la espalda y mandarte al carajo... Pues todo se complica. Pero eso la gente no lo ve.


Los médicos viven bien.


Esa es la opinión generalizada. Y por eso mismo vivimos tan bien, que no hay cuerpos de seguridad en casi ningún centro de salud y en hospitales, para velar por nosotros. Estamos vendidos. Y hoy, desgraciadamente, se ha vuelto a ver. Y no cito la cantidad de agresiones verbales y físicas que se dan a diario. Por eso mismo, vivimos de puta madre. Porque a estas horas, le están extrayendo los órganos para trasplante a una compañera que tiene cuatro balazos en la cabeza, y que no podrá ver crecer a su hija, ni su hija podrá verla envejecer. Pero, claro, los médicos viven bien.


La culpa al final va a ser de la luna llena.


martes, 3 de marzo de 2009

El Auténtico Kung Fú

¡Qué os voy a contar! Han sido unos carnavales excepcionales. El romancero en la calle ha estado muy bien. Hemos salido menos días debido a deberes laborales e incluso faringoamigdalitis inoportunas, pero los días que hemos estado lo hemos pasado, como siempre, a lo grande.

Me quedo con varias cosas:

- Lo primero, el ánimo y la proposición indecente de Mari, porque si no llega a ser por ella, no me pongo las pilas para escribir.

- Lo segundo, la ayudita y fiel colaboración de Ful, sin el cual no hubiera sido posible de ninguna manera salir este año. Has sido mucho más importante de lo que crees, querido amigo.

- Lo tercero, mi padre y sus cartelones, que espero haber estado a la altura de su arte como carpintero.

- Lo cuarto, la casa de la abuela de Mari, donde nos cambiamos y donde hacemos el último ensayito antes de salir. Es un pelotazo contar con una casita en pleno centro de Cádiz.

- Lo quinto, los libretos de Jose y COPIGRAF, que generosamente nos hacen todos los años.

- Lo sexto, la gente de la calle, que como todos los años, nos ha buscado (sobre todo, nuestros amigos, claro está) y nos han preguntado por aquellos Epi y Blas.

- Y por último, mi compañero de fatigas, Sergio, que este año, por séptimo consecutivo ha hecho que los carnavales sean de auténtica categoria.

Gracias a todos, porque hemos logrado llevar a la calle nuestro romancero y hacer reír a la gente, con EL AUTÉNTICO KUNG-FÚ.