sabrá mi ser si mi hermosura miras.
Por Mohamed, mi rey, a par me pongo
de lo más noble que será y ha sido.
(Poema de la Sala de Dos Hermanas, La Alhambra, Granada)

¡Qué bien se está en Granada! Archiconocidísimo tópico. Pero no deja de asombrarme una y mil veces esta ciudad.
Tengo tres ciudades en mi escaso conocimiento geográfico, por las que siento plena emoción y que tan sólo el hecho de pasear por sus fisionomía urbana, hacen que tenga una sensación de felicidad enorme. Por orden de importancia: Cádiz, París y Granada.
Cádiz, porque es mi casa, mis familia, mis amigos, el mar.
París, por su embrujo y su mil sitios por conocer.
Granada, ay Granada. Agua oculta que llora.
No puedo dejar de citar a personas que han hecho que esta visita sea más agradable aún. La primera, Mari. Chano y Ainhoa, que nos animaron a ir este fin de semana. Los aborígenes Manolo y Maru, que nos han enseñado buenos bares y una batería electrónica que va a dar mucho que hablar. A Paco, por llevarnos al partido del Granada-Cádiz (y dejarnos los asientos de abonado de su padre).
Hemos podido pasear por el Albaicín, tranquilamente, sin prisas ni horarios.
He visitado la Alhambra, unos quince años después (la primera y única vez, fue con los Salesianos: viaje de fin de curso de 8º de EGB, creo).
He vuelto a probar la costumbre, de gran categoría, que supone ponerte una tapita con cada cerveza.
En fin, hemos disfrutado. Tanto nos gusta Granada a los gaditanos, que hasta empatamos el partido con el equipo local, para mayor fraternidad.

