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domingo, 26 de octubre de 2008

Abrir los ojos

Hay una costumbre fabulosa en Murcia. Se trata de "abrir los ojos". Así se denomina al festejo gastronómico (previo al bautizo e inmediato al nacimiento), que se realiza con motivo de la venida de un nuevo ser a este mundo.

Ayer tuve la oportunidad de "abrirle los ojos" a mi querido Javi. Comimos carne a la brasa y bebimos buen vino. Los padres, felices y encantados de la vida.

Contrasta con esto el cerrar los ojos de gente que "irracionalmente" se va antes de tiempo. No me quiero poner trágico, que para eso ya está la vida misma. Pero es desconcertante saber que todos estamos a tiro de piedra de esa guadaña que se pasea a nuestro alrededor y de la que diariamente nos libramos.

"Estamos vivos de milagro", dice un amigo mío y compañero cirujano.

Ayer también, precisamente, por la noche, fuimos a ver la nueva película recién estrenada, CAMINO. En el film, la protagonista, una niña de 11 años, cierra los ojos antes de tiempo. El tema, aunque desgarrador y muy lacrimógeno, está tratado con un cierto optimismo y la visión enfrentada de la despedida de este mundo, a través de los ojos de la niña en contra de su familia, miembros del Opus Dei.

Yo no creo que nadie a esa edad se quiera morir. Es antinatura. Nadie se debería morir siendo niño o joven. La semana pasada cerraba los ojos un amigo de Cádiz con 34 años. Nada de eso es justo. No pienso que nadie se quiera reunir con Jesucristo antes de tiempo. Cada uno tenemos nuestra Cruz a cuestas, pero la vida es un regalo que se nos da. Mejor favor le hacemos al mundo, dando la vida por los demás, empleándola en cualquier asunto útil a nuestros semejantes.

Y no me gustaría irme de este mundo, con resignación y entregándome a la llamada "voluntad de Dios", porque pienso que esa voluntad es precisamente ser feliz y hacer felices a todos los que pueda. Admiro a la gente que se va luchando y peleando hasta el final.

También es verdad que nadie nos prepara para ese último momento. Nos preparan para el cole, el instituto y la facultad. Nos dan clases de buenos modales, de educación sexual y de primeros auxilios. Pero nadie nos habla de esa etapa, irremediable, que es cerrar los ojos. Poca gente se va, realmente preparada.

Ojalá haya otra vida, ojalá pueda reencontrarme con seres queridos y podamos disfrutar juntos de la eternidad. Y por supuesto, ojalá pueda ver los partidos del Cádiz, que desde arriba tiene que haber una vista fenomenal. Feliz domingo.